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1 Agosto 2007

EL PATRIMONIO MONUMENTAL DE PUEBLA DE LOS INFANTES A TRAVÉS DE LA HISTORIOGRAFIA ARTISTICA: APROXIMACION BIBLIOGRAFICA

Como testimonio de su pasado, Puebla de los Infantes conserva un interesante patrimonio monumental integrado como es sabido por una serie de construcciones tanto religiosas como civiles que guardan en su interior piezas artísticas de diferente valor, pero que son elocuente muestra de la religiosidad popular y formas de vida de otras épocas. En torno a las fundaciones eclesiásticas y piadosas establecidas en la localidad, como la parroquia de Nuestra Señora de las Huertas y las ermitas de Santiago y Santa Ana, las cofradías, etc. se desenvolvió la actividad de diferentes artistas – arquitectos, escultores, pintores, orfebres, etc. – que se dieron cita para el ornato de estos recintos sagrados.

Este patrimonio monumental ha recibido cierto número de estudios por parte de la historiografía artística, producción bibliográfica que queremos reseñar al objeto de obtener una visión panorámica de lo que sabemos y conocemos sobre este legado de las Bellas Artes. Es decir, trataremos de presentar un estado de la cuestión sobre la historia del arte en Puebla de los Infantes, que nos dé idea de los monumentos y obras objeto de estudio, fuentes utilizadas, metodología y aspectos analizados.

Si tenemos en cuenta que la Historia del Arte, como disciplina científica independiente de la literatura, la historia propiamente dicha y la arqueología, se consolida a lo largo de los siglos XIX y XX, nos encontramos con que las primeras semblanzas que conocemos sobre el patrimonio artístico de Puebla de los Infantes proceden – dejando aparte las fuentes propiamente archivísticas – de algunas producciones bibliográficas de dichas centurias, que sin ser obras específicamente dedicadas a las Bellas Artes, sí aportan referencias sobre nuestros monumentos, con valor puramente estadístico más que descriptivo. Este es el caso de algunos diccionarios geográficos que, sin entrar en el análisis de los edificios y su contenido artístico, aportan al menos la nómina de los monumentos artísticos existentes en la localidad.

Ya a fines del siglo XVIII el interés despertado por la Ilustración en torno al estudio de la geografía, la historia y la arqueología había provocado algunos intentos de realización de diccionarios geográficos de España que diesen una visión panorámica de nuestros pueblos, abarcando aspectos tan variados como el medio físico, población, recursos económicos, urbanismo y edificios notables, como iglesias, conventos, ermitas, castillos o restos arqueológicos. En esta línea hay que recordar el proyecto emprendido por Tomás López, geógrafo real de Carlos III, quien en 1785 envió una encuesta a los párrocos de los pueblos pidiendo datos para la redacción de su nunca publicado diccionario, del que sólo han visto la luz y en fechas recientes los textos correspondientes a unas pocas provincias, entre ellas la de Sevilla. En las respuestas enviadas en fecha desconocida de fines del Setecientos por el párroco de nuestra localidad, Don Fernando Félix de Mena y Relojillos1, se recoge una relación de los edificios religiosos entonces existentes, algunos de ellos ya desaparecidos o muy transformados:

“ Dicho pueblo tiene su parroquia independiente de otra alguna, cuyo titular y patrón es dicha Nuestra Señora Santa María de las Huertas, y en lo antiguo se dice por tradición lo fue Señor Santiago; lo cual aunque no consta por testimonio auténtico se hace suasible [sic] por la magnitud de la ermita, que hoy en parte se conserva con dicha advocación en la inmediación del castillo. Lo cierto es, que habiendo más de 200 años que se quemó el archivo de las casas capitulares de la dicha villa y teniendo poco más antigüedad en su parroquial iglesia, sólo consta haber sido la nominada con el título de las Huertas, el que se juzga etimologiado de una huerta que había en la plaza de dicha villa, como hay otros en el día a su continuación, y en un naranjo dicen se encontró una devota imagen, cuya peregrina hermosura llamó la atención a aquellas piadosas gentes, para erigirle en el ámbito y recinto de dicha huerta una iglesia no de las más común y mediana arquitectura, en cuyo altar mayor se halla dicha imagen colocada, con singular culto venerada y con fervorosa religiosidad de éstos y de los demás vecinos de los pueblos confinantes invocada, experimentando todos un benéfico patrocinio de sus liberales manos. No se tiene por leve monumento que acredite la probabilidad del hecho, el pretil o citara que se conserva en medio de la plaza, que forma un estanque como de cinco varas en cuadro, del que usarían los antiguos para regar dicha huerta. En este pueblo no hay convento y sólo se tiene en grande y singular veneración una imagen con el título de los Remedios, en una ermita distante un cuarto de legua, la cual dicen que a ruegos de un buen hombre, que se hallaba de hortelano en una huerta contigua, que existe hoy, fue pintada en la pared de dicha ermita causando mucha alegría al bueno del hombre y no menos consuelo a todos los que se acogen a su poderoso asilo. Lo cierto en mi opinión es que parece moralmente imposible se conserve dicha pintura en medio de tantas intemperies como humedecen dicho lienzo de pared, si no fuera por alguna extraordinaria providencia de Dios, porque de parte de los hombres no hay ni aún la más ordinaria para su preservación “.

Ya a mediados del siglo XIX, nos encontramos con ese monumento bibliográfico de la historiografía española que es el Diccionario geográfico – histórico – estadístico de Pascual Madoz, obra modélica entre las de su género y que ciertamente debió aprovechar el material recogido por Tomás López. En su obra, Madoz atiende a aspectos tan variados como la situación de la localidad dentro del marco provincial, distancias a los centros administrativos de los que depende y localidades vecinas, situación del casco urbano, límites municipales, red hidrográfica y características del terreno, abordando además la cuantificación no sólo de la producción agropecuaria, industrial, comercial y de los efectivos poblacionales, sino también del personal eclesiástico y edificios religiosos, que inserta dentro del marco descriptivo del urbanismo local planteado en su obra. En el caso de Puebla de los Infantes el autor cita de pasada la parroquia, las ermitas de Santiago y Santa Ana, y la de Nuestra Señora de los Remedios, ya arruinada2.

La segunda mitad de la centuria, marcada ya por el signo de la historiografía romántica, conocerá la proliferación de diccionarios histórico – geográficos que no suelen prestar excesiva atención al patrimonio artístico (salvo en el caso de los grandes monumentos de las capitales de provincia, generalmente), sin que se aborde el análisis sistemático de los monumentos ubicados en los pueblos, situación de desinterés que afecta igualmente a la provincia de Sevilla, cuya escasez de estudios sobre el arte en sus diversas localidades contrasta con la abundante nómina de trabajos sobre la capital, entre los que ocupa lugar primordial la producción de José Gestoso y Pérez, auténtico punto de partida de la historiografía artística sevillana posterior.

Esta situación de inercia va a experimentar un profundo giro a comienzos del siglo XX. Los nuevos planteamientos historiográficos, de acuerdo con la ilusión de un resurgimiento cultural y científico que hiciese superar el trauma de la crisis de 1898, reclamaban la necesidad de catalogar nuestra riqueza artística, como instrumento básico e imprescindible para su estudio y difusión. De acuerdo con este sano criterio, un decreto de 1 de junio de 1900 ordenaba la formación de un Catálogo monumental de España, usando de criterios más científicos, rigurosos y precisos, tarea que se haría por provincias y sería publicada por el Estado3. Tan ambicioso proyecto nació marcado por la penuria tanto de medios como de personal cualificado para llevarlo a cabo, por lo que sólo aparecieron, muy irregularmente, los catálogos de unas pocas provincias. El de Sevilla, encomendado al parecer al arquitecto Adolfo Fernández Casanova, fue uno de los que quedaron sin publicar, estando depositado el manuscrito original en Madrid, concretamente en la Biblioteca del “ Instituto Diego Velázquez “, organismo especializado en la investigación de la Historia del Arte y dependiente del C.S.I.C.

Paralelamente, la labor documentalista emprendida desde las primeras décadas del siglo XX por los investigadores sevillanos en el Archivo de Protocolos de la capital hispalense aportaba alguna que otra referencia relativa a Puebla de los Infantes. Iniciada esta labor de exhumación documental por el ya citado Gestoso y Pérez, su línea documentalista fue continuada por la labor personal de Celestino López Martínez y la de los investigadores agrupados en el entonces recién nacido Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla, con nombres tan señeros para la historiografía artística como Bago y Quintanilla, Hernández Díaz, Muro Orejón y Sancho Corbacho. En relación con nuestra localidad López Martínez aporta algunas referencias documentales sobre el primitivo retablo mayor de la Parroquia, contratado el 24 de julio de 1567 por el pintor Pedro de Villegas Marmolejo y que habría de llevar siete pinturas cuya temática no se describe4. La policromía y dorado de la estructura retablística – completada con un sagrario en cuyas puertas se representarían los cuatro evangelistas y los cuatro Padres de la Iglesia – se encomendó poco antes, el 17 del propio mes y año, al pintor Andrés Marín5. Seis años después del encargo del retablo el artista no había percibido todavía el importe de su trabajo, como se desprende del hecho de que el pintor otorgase un poder a su amigo el batidor de oro Juan de Dueñas para que cobrase lo que se le debía por las Pinturas6.

Siguiendo esta línea de investigación archivística, los Documentos inéditos para la Historia del Arte en la provincia de Sevilla publicados en la pasada década de los noventa por Fernando de la Villa Nogales y Esteban Mira Caballos aportan alguna noticia documental sobre el patrimonio de nuestra localidad, como es la escritura notarial por la cual el escultor Juan de Mesa – residente en Ecija y que no hay que confundir con su homónimo el célebre imaginero cordobés – contrataba el 13 de agosto de 1592 con Don Fernando de Orellana, vecino de nuestro pueblo, la imagen de Nuestra Señora del Rosario, interesante obra afortunadamente conservada en nuestro acervo artístico7.

Volviendo a comienzos del siglo XX, en la década de los treinta, las repercusiones que la tragedia de la Guerra Civil tuvieron en el patrimonio artístico de Puebla de los Infantes fueron analizadas por Hernández Díaz y Sancho Corbacho, quienes al evaluar las pérdidas y daños de obras de arte sufridas por la Parroquia nos dejan en su texto una primera apreciación de los valores del templo8, como es el caso de la Virgen de las Huertas, que consideran como “importantísima talla del primer tercio del siglo XVI, restaurada en el XVIII”. Y al referirse a la iglesia de Santiago subrayan el interés de la “importantísima imagen de la Virgen con el Niño, de la segunda mitad del siglo XVI, burdamente repintada”, que debe ser la efigie de la Virgen del Rosario hoy venerada en el templo parroquial.

Ya a fines de esta misma década y por parte de los mismos autores – junto con Francisco Collantes de Terán – se acomete un gran proyecto historiográfico sobre el patrimonio provincial, que por desgracia quedó inconcluso sin haber llegado siquiera a su mitad. Nos referimos al monumental Catálogo arqueológico y artístico de la provincia de Sevilla, que quedó truncado al llegar a la letra H, por lo que el texto que debiera corresponder a Puebla de los Infantes nunca vio la luz.

Habrá que esperar a comienzos de la década de los ochenta para que la Guía artística de Sevilla y su provincia auspiciada por la Diputación Provincial actualice y complete el inconcluso Catálogo arqueológico y artístico a la luz de las últimas aportaciones de la historiografía. Las descripciones de la Guía, algo más concisas que las de su antecesor, ganan en agilidad de lectura y en precisión a la hora de inventariar las piezas lo que pierden en aparato crítico de notas, mapas, planos y reproducciones fotográficas, que le daban al Catálogo un tono algo retórico y solemne muy en consonancia con los planteamientos de los historiadores de la postguerra. En el texto dedicado a nuestra localidad se aborda el estudio de la parroquia – de la que se describen planta, alzados, cubiertas y se reseña su patrimonio mueble de retablos, esculturas, pinturas y orfebrería – y la ermita de Santa Ana, limitándose en esta última el análisis a la descripción de su arquitectura9. El mismo texto de la Guía se reprodujo, con escasas variantes y excluyendo el estudio de la capital, en el Inventario artístico de Sevilla y su provincia, publicado por el Ministerio de Cultura entre 1982 y 1985 y que gozó de mucha menor difusión que la obra de la Diputación Provincial10.

Junto a estas visiones generales, podemos citar algunas aportaciones más puntuales que se refieren a aspectos concretos de nuestro patrimonio, especialmente centradas en la Iglesia Parroquial como elemento aglutinador del acervo histórico – artístico. Así, nosotros mismos tomando como base la documentación de los Libros de Visitas del Arzobispado hemos evocado el aspecto del templo y su patrimonio mueble en la transición de los siglos XVII y XVIII11. Centrándose con carácter más específico en el estudio de la arquitectura podemos citar el artículo del profesor Jesús Palomero Páramo sobre la torre de este templo, cuyos elementos describe con minucioso rigor definiendo su filiación estilística, en un abanico temporal que une el gótico – mudéjar con las reformas barrocas del siglo XVIII12. El mismo autor se ha ocupado también del estudio de la imagen de Nuestra Señora de las Huertas13, analizando su iconografía y sus rasgos estilísticos, que la ponen en relación con la producción del escultor Pedro Millán, activo en Sevilla en la transición de los siglos XV y XVI, cuando el gótico agonizante daba paso a los refinamientos estilísticos del Renacimiento. Otra interesante obra quinientista, el Cristo de la Vera Cruz, ha sido objeto de análisis por Rafael Doménech, quien describe sus rasgos estilísticos contextualizándolos dentro del marco general de la escultura de la época14.

Sobre la imaginería y enseres de las cofradías de Puebla de los Infantes contamos con algunos trabajos, insertos dentro del marco de obras colectivas dedicadas al estudio de la Semana Santa en Sevilla y su provincia, debidos a Juan Antonio Ruiz Domínguez15.

En lo referente a estudios sobre pintura, la única referencia disponible es la que facilita el profesor Juan Miguel Serrera Contreras sobre el ya citado retablo mayor quinientista de la Parroquia, apoyándose en las referencias documentales suministradas por Celestino López Martínez, que como se vio se refieren a la participación en 1567 por el pintor Pedro Villegas Marmolejo16.

En definitiva, a través de estos trabajos nos encontramos con un punto de partida y apoyo para seguir profundizando en el conocimiento del patrimonio artístico y monumental de Puebla de los Infantes, que si bien nos ha llegado mermado a causa de los avatares históricos, es legado de nuestra historia que tenemos obligación no sólo de estudiar y apreciar, sino de entregar a las generaciones venideras, como señas de identidad de nuestro pueblo.

Salvador Hernández González

[1] LOPEZ, Tomás: Diccionario geográfico de Andalucía: Sevilla. Editorial Don Quijote, Granada, 1989. Págs. 142 – 143; SEGURA GRAIÑO, C. – ROMERO, J. R.: “ El ` Diccionario Geográfico ´ de Tomás López: una fuente para el estudio de la espiritualidad popular. Santuarios y ermitas en las provincias de Córdoba, Huelva y Sevilla en el siglo XVIII “, en La religiosidad popular, vol. I. Fundación Machado – Editorial Antropos, Barcelona, 1989. Págs. 324 – 247.

2 MADOZ, Pascual: Diccionario geográfico – estadístico – histórico de Andalucía: Sevilla. Sevilla, 1986. (Edición facsímil de la de Madrid, 1845 – 1850). Pág. 131.

3 GAYA NUÑO, Juan Antonio: Historia de la crítica de Arte en España. Madrid, 1975. Pág. 217.

4 LOPEZ MARTINEZ, Celestino: Desde Jerónimo Hernández hasta Martínez Montañés. Sevilla, 1929. Pág. 205.

5 Ibídem, pág. 176.

6 Ibídem, pág. 206.

7 VILLA NOGALES, Fernando de la – MIRA CABALLOS, Esteban: Documentos inéditos para la Historia del Arte en la provincia de Sevilla. Sevilla, 1994. Págs. 112 – 113.

8 HERNANDEZ DIAZ, José – SANCHO CORBACHO, Antonio: Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla. Sevilla, 1937. Págs. 193 – 194.

9 MORALES, Alfredo José – SANZ, María Jesús – VALDIVIESO, Enrique – SERRERA, Juan Miguel: Guía artística de Sevilla y su provincia. Diputación Provincial de Sevilla, 1981. Págs. 595 – 596. La obra se ha reeditado, con nuevo formato e ilustraciones en color, por la Fundación José Manuel Lara y la Diputación Provincial de Sevilla en 2004, aunque el texto no difiere en nada del de 1981.

10 V. V. A. A.: Inventario artístico de Sevilla y su provincia. Vol. I. Ministerio de Cultura, Madrid, 1982. Págs. 406 – 409, para Puebla de los Infantes.

11 HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: “ La Parroquia de Nuestra Señora de las Huertas a comienzos del siglo XVIII. Notas histórico – artísticas “, en Revista de Feria de Puebla de los Infantes (1996).

12 PALOMERO PARAMO, Jesús: “ Una construcción Reyes Católicos en La Puebla de los Infantes “, en Revista de Feria de Puebla de los Infantes (1973), sin paginar.

13 PALOMERO PARAMO, Jesús: “ Santa María de las Huertas “, en Revista de Feria de Puebla de los Infantes (1973), sin paginar.

14 DOMENECH MARTINEZ, Rafael: “ El Cristo de Vera Cruz “, en Revista de Feria de Puebla de los Infantes (1977), sin paginar.

15 RUIZ DOMINGUEZ, Juan Antonio: “ Hermandad del Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de las Huertas. La Puebla de los Infantes “, en Crucificados de Sevilla, vol. III. Ediciones Tartessos, Sevilla, 1997. Págs. 243 – 249; “ Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores en su Soledad. Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de las Huertas. La Puebla de los Infantes “, en Misterios de Sevilla, vol. V. Ediciones Tartessos, Sevilla, 1999. Págs. 331 – 335.

16 SERRERA CONTRERAS, Juan Miguel: Pedro de Villegas Marmolejo (1519 – 1596). Diputación Provincial de Sevilla, 1976. Pág. 73.

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