EL PATRIMONIO MONUMENTAL DE PUEBLA DE LOS INFANTES A TRAVÉS DE LA HISTORIOGRAFIA ARTISTICA: APROXIMACION BIBLIOGRAFICA
Como testimonio de su pasado, Puebla de los Infantes conserva un interesante patrimonio monumental integrado como es sabido por una serie de construcciones tanto religiosas como civiles que guardan en su interior piezas artísticas de diferente valor, pero que son elocuente muestra de la religiosidad popular y formas de vida de otras épocas. En torno a las fundaciones eclesiásticas y piadosas establecidas en la localidad, como la parroquia de Nuestra Señora de las Huertas y las ermitas de Santiago y Santa Ana, las cofradías, etc. se desenvolvió la actividad de diferentes artistas – arquitectos, escultores, pintores, orfebres, etc. – que se dieron cita para el ornato de estos recintos sagrados.
Este patrimonio monumental ha recibido cierto número de estudios por parte de la historiografía artística, producción bibliográfica que queremos reseñar al objeto de obtener una visión panorámica de lo que sabemos y conocemos sobre este legado de las Bellas Artes. Es decir, trataremos de presentar un estado de la cuestión sobre la historia del arte en Puebla de los Infantes, que nos dé idea de los monumentos y obras objeto de estudio, fuentes utilizadas, metodología y aspectos analizados.
Si tenemos en cuenta que
Ya a fines del siglo XVIII el interés despertado por
“ Dicho pueblo tiene su parroquia independiente de otra alguna, cuyo titular y patrón es dicha Nuestra Señora Santa María de las Huertas, y en lo antiguo se dice por tradición lo fue Señor Santiago; lo cual aunque no consta por testimonio auténtico se hace suasible [sic] por la magnitud de la ermita, que hoy en parte se conserva con dicha advocación en la inmediación del castillo. Lo cierto es, que habiendo más de 200 años que se quemó el archivo de las casas capitulares de la dicha villa y teniendo poco más antigüedad en su parroquial iglesia, sólo consta haber sido la nominada con el título de las Huertas, el que se juzga etimologiado de una huerta que había en la plaza de dicha villa, como hay otros en el día a su continuación, y en un naranjo dicen se encontró una devota imagen, cuya peregrina hermosura llamó la atención a aquellas piadosas gentes, para erigirle en el ámbito y recinto de dicha huerta una iglesia no de las más común y mediana arquitectura, en cuyo altar mayor se halla dicha imagen colocada, con singular culto venerada y con fervorosa religiosidad de éstos y de los demás vecinos de los pueblos confinantes invocada, experimentando todos un benéfico patrocinio de sus liberales manos. No se tiene por leve monumento que acredite la probabilidad del hecho, el pretil o citara que se conserva en medio de la plaza, que forma un estanque como de cinco varas en cuadro, del que usarían los antiguos para regar dicha huerta. En este pueblo no hay convento y sólo se tiene en grande y singular veneración una imagen con el título de los Remedios, en una ermita distante un cuarto de legua, la cual dicen que a ruegos de un buen hombre, que se hallaba de hortelano en una huerta contigua, que existe hoy, fue pintada en la pared de dicha ermita causando mucha alegría al bueno del hombre y no menos consuelo a todos los que se acogen a su poderoso asilo. Lo cierto en mi opinión es que parece moralmente imposible se conserve dicha pintura en medio de tantas intemperies como humedecen dicho lienzo de pared, si no fuera por alguna extraordinaria providencia de Dios, porque de parte de los hombres no hay ni aún la más ordinaria para su preservación “.
Ya a mediados del siglo XIX, nos encontramos con ese monumento bibliográfico de la historiografía española que es el Diccionario geográfico – histórico – estadístico de Pascual Madoz, obra modélica entre las de su género y que ciertamente debió aprovechar el material recogido por Tomás López. En su obra, Madoz atiende a aspectos tan variados como la situación de la localidad dentro del marco provincial, distancias a los centros administrativos de los que depende y localidades vecinas, situación del casco urbano, límites municipales, red hidrográfica y características del terreno, abordando además la cuantificación no sólo de la producción agropecuaria, industrial, comercial y de los efectivos poblacionales, sino también del personal eclesiástico y edificios religiosos, que inserta dentro del marco descriptivo del urbanismo local planteado en su obra. En el caso de Puebla de los Infantes el autor cita de pasada la parroquia, las ermitas de Santiago y Santa Ana, y la de Nuestra Señora de los Remedios, ya arruinada2.
La segunda mitad de la centuria, marcada ya por el signo de la historiografía romántica, conocerá la proliferación de diccionarios histórico – geográficos que no suelen prestar excesiva atención al patrimonio artístico (salvo en el caso de los grandes monumentos de las capitales de provincia, generalmente), sin que se aborde el análisis sistemático de los monumentos ubicados en los pueblos, situación de desinterés que afecta igualmente a la provincia de Sevilla, cuya escasez de estudios sobre el arte en sus diversas localidades contrasta con la abundante nómina de trabajos sobre la capital, entre los que ocupa lugar primordial la producción de José Gestoso y Pérez, auténtico punto de partida de la historiografía artística sevillana posterior.
Esta situación de inercia va a experimentar un profundo giro a comienzos del siglo XX. Los nuevos planteamientos historiográficos, de acuerdo con la ilusión de un resurgimiento cultural y científico que hiciese superar el trauma de la crisis de 1898, reclamaban la necesidad de catalogar nuestra riqueza artística, como instrumento básico e imprescindible para su estudio y difusión. De acuerdo con este sano criterio, un decreto de 1 de junio de 1900 ordenaba la formación de un Catálogo monumental de España, usando de criterios más científicos, rigurosos y precisos, tarea que se haría por provincias y sería publicada por el Estado3. Tan ambicioso proyecto nació marcado por la penuria tanto de medios como de personal cualificado para llevarlo a cabo, por lo que sólo aparecieron, muy irregularmente, los catálogos de unas pocas provincias. El de Sevilla, encomendado al parecer al arquitecto Adolfo Fernández Casanova, fue uno de los que quedaron sin publicar, estando depositado el manuscrito original en Madrid, concretamente en
Paralelamente, la labor documentalista emprendida desde las primeras décadas del siglo XX por los investigadores sevillanos en el Archivo de Protocolos de la capital hispalense aportaba alguna que otra referencia relativa a Puebla de los Infantes. Iniciada esta labor de exhumación documental por el ya citado Gestoso y Pérez, su línea documentalista fue continuada por la labor personal de Celestino López Martínez y la de los investigadores agrupados en el entonces recién nacido Laboratorio de Arte de
Siguiendo esta línea de investigación archivística, los Documentos inéditos para
Volviendo a comienzos del siglo XX, en la década de los treinta, las repercusiones que la tragedia de
Ya a fines de esta misma década y por parte de los mismos autores – junto con Francisco Collantes de Terán – se acomete un gran proyecto historiográfico sobre el patrimonio provincial, que por desgracia quedó inconcluso sin haber llegado siquiera a su mitad. Nos referimos al monumental Catálogo arqueológico y artístico de la provincia de Sevilla, que quedó truncado al llegar a la letra H, por lo que el texto que debiera corresponder a Puebla de los Infantes nunca vio la luz.
Habrá que esperar a comienzos de la década de los ochenta para que
Junto a estas visiones generales, podemos citar algunas aportaciones más puntuales que se refieren a aspectos concretos de nuestro patrimonio, especialmente centradas en
Sobre la imaginería y enseres de las cofradías de Puebla de los Infantes contamos con algunos trabajos, insertos dentro del marco de obras colectivas dedicadas al estudio de
En lo referente a estudios sobre pintura, la única referencia disponible es la que facilita el profesor Juan Miguel Serrera Contreras sobre el ya citado retablo mayor quinientista de
En definitiva, a través de estos trabajos nos encontramos con un punto de partida y apoyo para seguir profundizando en el conocimiento del patrimonio artístico y monumental de Puebla de los Infantes, que si bien nos ha llegado mermado a causa de los avatares históricos, es legado de nuestra historia que tenemos obligación no sólo de estudiar y apreciar, sino de entregar a las generaciones venideras, como señas de identidad de nuestro pueblo.
Salvador Hernández González
2 MADOZ, Pascual: Diccionario geográfico – estadístico – histórico de Andalucía: Sevilla. Sevilla, 1986. (Edición facsímil de la de Madrid, 1845 – 1850). Pág. 131.
3 GAYA NUÑO, Juan Antonio: Historia de la crítica de Arte en España. Madrid, 1975. Pág. 217.
4 LOPEZ MARTINEZ, Celestino: Desde Jerónimo Hernández hasta Martínez Montañés. Sevilla, 1929. Pág. 205.
5 Ibídem, pág. 176.
6 Ibídem, pág. 206.
7 VILLA NOGALES, Fernando de la – MIRA CABALLOS, Esteban: Documentos inéditos para
8 HERNANDEZ DIAZ, José – SANCHO CORBACHO, Antonio: Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla. Sevilla, 1937. Págs. 193 – 194.
9 MORALES, Alfredo José – SANZ, María Jesús – VALDIVIESO, Enrique – SERRERA, Juan Miguel: Guía artística de Sevilla y su provincia. Diputación Provincial de Sevilla, 1981. Págs. 595 – 596. La obra se ha reeditado, con nuevo formato e ilustraciones en color, por
10 V. V. A. A.: Inventario artístico de Sevilla y su provincia. Vol. I. Ministerio de Cultura, Madrid, 1982. Págs. 406 – 409, para Puebla de los Infantes.
11 HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: “
12 PALOMERO PARAMO, Jesús: “ Una construcción Reyes Católicos en
13 PALOMERO PARAMO, Jesús: “ Santa María de las Huertas “, en Revista de Feria de Puebla de los Infantes (1973), sin paginar.
14 DOMENECH MARTINEZ, Rafael: “ El Cristo de Vera Cruz “, en Revista de Feria de Puebla de los Infantes (1977), sin paginar.
15 RUIZ DOMINGUEZ, Juan Antonio: “ Hermandad del Santísimo Cristo de
16 SERRERA CONTRERAS, Juan Miguel: Pedro de Villegas Marmolejo (1519 – 1596). Diputación Provincial de Sevilla, 1976. Pág. 73.


