AQUELLA TARDE...(SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE). Por Jesus Manuel Carrasco Algarrada
Hace unos años, escribí para esta revista, una pequeña novela histórica, que titulé “Aquella tarde...”, en ella, situaba a nuestro pueblo que por entonces se llamaba Cañebolo, en el día 12 de Agosto del año 1244.
Por aquella fecha, Fernando III el Santo y todo su ejército se dirigía desde Córdoba hasta Sevilla conquistando todas las fortificaciones importantes que se interponían en su camino, uno de estos enclaves, era nuestro pueblo y su castillo. Relataba en aquella novela, el amor imposible entre un musulmán al que llamé Mustafá, y una cristiana a la que denominé Zoraima.
Finalicé aquella historia con una mirada furtiva y enamorada entre estos dos personajes, justo cuando al amanecer de aquel día los aires de guerra eran inminentes, y los estandartes del rey cristiano asomaban por Almenara dispuestos a tomar nuestra plaza.
Algunos amigos me animaron a acabar esa historia, pero nunca encontré un desenlace certero, ni el por qué necesariamente toda historia aunque novelada tuviese que tener forzosamente un final; hasta que un día hice un descubrimiento sorprendente, que me motivó a terminar dicho relato.
Mi amigo Pepe me aconsejó a que “colgase” en un paraje al que llamamos la “Cañada de las higueras”, ya que por allí, y según él, andaba un par de perdices muy animadas y cantarinas, este concreto lugar es un pequeño paraíso franqueado por dos imponentes cerros, en su interior y casi escondido del entorno, transcurre un pequeño arroyo en cuyo curso crece una fresca y exuberante alameda llena de frescor y vida; acto seguido, mi primo Antonio me dio el último empujón a sabiendas de mi casi exclusiva afición por las colleras difíciles.
Ya en dicho lugar y estando en la tarea de colocar el puesto, descubrí una pequeña ruina donde solo quedaban algunos sillares y tejas rotas. Elegida la plaza para colocar el pájaro, colgado este y de vuelta al puesto, vi en el suelo una piedra algo extraña y pintoresca, una vez sentado en el catrecillo y ya en plena faena cinegética, me detuve a examinar dicha piedra, y cual fue mi sorpresa cuando tras limpiarla un poco, aparecieron sobre ella, unos caracteres árabes, que por supuesto no entendía:
Casualmente ese mismo fin de semana, estaba en el pueblo mi amigo M.Boadil (del que hablo en mi primer relato), nada más llegar al pueblo, me encaminé en su búsqueda para que me tradujese aquel texto. Cuando le entregué la piedra y comenzó a descifrar su significado, un frío me recorrió el cuerpo, aquella piedra decía: “aquí vivió el amor lejos de los hombres”.
Como no, aquello era el definitivo desenlace de la historia contada años atrás, o sea, Mustafá y Zoraima aprovecharon el caos de la toma de Cañebolo, para huir juntos dirección Sevilla, que hasta entonces aún seguía en manos moriscas, pero al recabar en este bello y escondido paraje, decidieron quedarse en él, y vivir sus días lejos y a escondidas del odio de los hombres y sus conflictos bélicos, solo abrigados por el amor que se procesaban y del fruto que del mismo llegase a madurar.
Aquellos personajes, que en un principio fueron fruto de mi imaginación, desde no se donde ni por qué, me revelaron su auténtica veracidad.



ZETA dijo
Espero que conservaras la piedra como recuerdo, tenia que ser algo muy bonito esa historia , con ese simbolo tan eterno de la piedra. Gracias por tu historia , aunque deberias de haber puesto tambien la primera.
Saludos.
7 Agosto 2007 | 09:01 PM